Poco a poco se va acabando el verano, y con él, las vacaciones de muchos de nosotros.  Pero preguntas  de los más normales como, ¿Qué tal te ha ido? ¿Lo has pasado bien? ¿Qué lugares has visitado? , nos transportan directamente a las experiencias que hemos vivido. Y para qué engañarnos, a todos nos gusta compartirlas.

Para esta segunda entrada traemos las historias de dos de nuestros seguidores Raimon y Albert,  durante sus vacaciones. Viajes a rincones con encanto, con magia; diferentes entornos que nos ayudan también a conocer nuevas culturas y formas de vivir el baloncesto.

Nuestro deseo es transportaros a estos maravillosos rincones y seguir engrandeciendo nuestra colección de canchas de todo el mundo

Raimon se ha desplazado hasta Indonesia durante más de 5 semanas, un viaje intenso y enriquecedor por un país ubicado entre el Sudeste Asiático y Oceanía. Una región de clima tropical y paisajes exóticos que dista absolutamente de la cultura occidental y nos deja maravillas a cada rincón por donde pasamos

 

Éstas son las fotografías que por casualidad nos encontramos en el centro de Yogyakarta, una ciudad amurallada en fase de reconstrucción para incrementar el valor turístico de la ciudad. Las canastas de las fotografías se encuentran sorprendentemente dentro de los patios de los colegios. Los niños de la zona conducen motocicletas para ir al colegio y el patio es el parking donde pueden dejarlas. Sin duda, estos lugares no dejarán de sorprendernos.

 

 

La otra historia que os traemos no tiene nada que ver con la anterior. Albert fue de voluntario a Louga, Senegal, a unas 4 horas al norte de Dakar. Junto con una ONG y más de 15 voluntarios, entre ellos entrenadores. Se desplazó hasta África para, junto con el baloncesto, ayudar a la comunidad. Los entrenadores iban por las mañanas a las escuelas de la zona para hacer entrenamientos de baloncesto mientras médicos y profesores ayudaban en su ámbito. Por las tardes se reunían todos los colegios para, en formato competitivo, jugar juntos en una liguilla e incrementar más aún el sentimiento comunitario y de identidad. Albert nos comenta que las caras de felicidad le invadían el corazón y sentía que con muy poco podía ayudar mucho. Son estas experiencias las que nos hacen creer en la potencialidad de este deporte.

 

 

Las vacaciones han terminado, pero nuestros recuerdos seguirán vivos.

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